domingo, 13 de enero de 2013

Nido de ratas

Eran las diez de la mañana y ya se había hecho viejo. Todos los recuerdos quedaron en miradas languidecentes, acompañando a los mirones del parque que se perdieron en una película porno. La futilidad de la vida había sido contagiada por mediocres, charlatanes que se toman la licencia de meterte en su partida, para poder derrocarte. Lucharon para arrebatarte el yo, el más sensato y natural, y siguieron los días en una imitación constante del pensamiento colectivo. Cansado del estar bien cuando está mal y viceversa, sin razón.
          Perdió la inteligencia por someterse a los dictados de la lengua, como arma pacífica, exhalada con la espalda clavada y levantando la vista. Sintió la herida como si le atravesara el pecho de arriba a bajo, cuando se quiso dar cuenta, era su mano la que alzaba el cuchillo. Los sueños se los inyectaba con las ventanas cerradas, ajeno al mundo, inventando las respuestas. Sólo dormía, sabiendo que había perdido el tiempo, escuchando verdades a medias, sólo válidas para unos cuantos, que se dejan convencer el pensamiento.
          Sábanas frías en una mañana fría y soleada. Rastros de pereza. Garganta amarga. Huellas de veneno hasta la cama.    

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