Durante la endodoncia,
cuando el joven e imberbe
ayudante higienista
le pasó la servilleta verde
por la mejilla no anestesiada
secándole con suavidad
las salpicaduras,
recostada 45 grados
sobre su pasado y
deslizándose lentamente
hacia la nada,
fue consciente la vieja
de cuanto tiempo llevaba ya
sin recibir una sola caricia.
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Si la muerte se los hubiera
llevado a la par por aquel entonces,
no hubiera hecho falta ahora
que ningún sutil verdugo de bata blanca
le reconstruyese a ella la sonrisa...
lunes, 29 de noviembre de 2010
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¡Cojonudo!
ResponderEliminarAmén. De los que más me han gustado
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