martes, 27 de septiembre de 2011

11 de Septiembre

Mientras el dictador del mundo leía un libro del revés a unos futuros hijos de la gran puta, sus cuentas estaban saliendo bien. Diez años han pasado de aquello y todavía se habla de tragedia. En Somalia mueren más, está pasando ahora y no sale ya por las noticias. Ni tendrá su décimo aniversario.

Justo por ese día el fatídico personaje habla de tener que irremediablemente ser un presidente en tiempos de guerra. En tiempos de bonanza económica. Cuantos millones se han gastado en armamento, aviones, tanques, radares, chalecos antibalas con lectura inteligente, en investigación sucia. El país creció. La venganza daba dinero. La seguridad era lo más importante y las aseguradoras que te protegían hasta de posibles bombas nucleares aumentaron sus ventas como las cajas de pañuelos en un invierno húmedo. ¿A cuanta gente han matado en la represalia? ¿Alguien los ha contado? ¿A alguien le interesa?

En este mismo día diez años después estaban seguros de que alguien les podía atacar, era la fecha clave para volver a tocar el orgullo norteamericano. Policías, F.B.I., … todo el mundo alerta. Tres afganos sospechosos han venido en avión, tienen nacionalidad norteamericana, son peligrosos. Están siendo investigados. Si, son musulmanes y puede que lleven viviendo en tu país desde que nacieron, gilipollas. Pero tranquilos que Lehman Brothers, a causa de vuestra estupidez, se ha forrado.

Todo esto me podría tocar un pie si me dejaran en paz. Pero no es posible. Fuera de esa estúpida península, también existen gilipollas que no paran de cuadricularnos el cerebro, que nos recuerda que el capitalismo es una fe de vida, que el hombre que no sea lo más parecido a una mancha de semen es peligroso, que el que no sea capaz de ver a un Dios blanco detrás del telón tiene los días contados.

Y así mientras tanto, cuando el que pincha a hecho su trabajo, los demás carroñeros nos aproximamos al botín y pillamos lo que podemos. Cosemos la herida de nuevo y ya está. Si no mira a Kharzai, lo bien que está, lo metieron los de la organización y vive de puta madre. Deja cagarse en su tierra a todo el que viene pero el que está dentro no para de vivir con una metralleta apuntándole a la cabeza, por un tipo que habla un idioma raro y va más tapado que una mujer con burka.

Maldita sea si un hijo de puta de esos te trata de la misma manera. Seguro que ya estabas pegando hostias, lanzando piedras y hasta los cojones de que todo venga mal por culpa de unos miserables que desde que pisaron esta tierra no te han dejado vivir.

Que carguemos contra Franco y nos la sople lo de China llevamos mal camino. Pero vuelvo a pensar en el capitalismo, y cuanto tiene de vista gorda. No deseo mil torres gemelas en llamas, sinceramente lo que no deseo son torres gemelas. Deseo que todo el mundo sea capaz de mirarse el ombligo antes de acuchillar a cualquiera. Deseo que le den la espalda a los nuevos “ingenieros” nazis, que construyan esto de otra manera, que consigan apartar el capitalismo de lo cotidiano y nos den una democracia griega, poder del pueblo. Al fin y al cabo poder pacífico.

Hoy es doce de septiembre, me han rechazado después de la entrevista. ¿Estaba dado? No lo se, pero que sea factible sólo dentro de lo posible ya da pena y asco. No tienen ni puta idea de lo que uno tiene en la cabeza. No se dan cuenta que la solución no está ni en lo mismo ni en los mismos de siempre. El verdadero cambio está en todo lo demás, en todos los demás. Echar las cuentas de la vieja no sirve. Demasiadas cabezas con grandes ideas se sacuden el polvo mientras los mercenarios eligen a los que están en la barra, a los que no paran de hablar y beberse mi déficit.

Grandes ideas para cambiar esto y sólo pido el pan y no enriquecerme. Soluciones posibles en sitios donde valgan. Mucho ruido se permite en las calles pero después silencio de la pluma. Aquí no cambia nada.

La primavera árabe lucha por algo. Puede que lo nuestro no sea una ira tan justificada, a nosotros nos dieron y ahora nos quitan, a ellos nunca les dieron y disfrutaban en su cara. Ellos lo están consiguiendo, nosotros nada. Espero que Libia no tenga que lamentar la ayuda tomada, espero que Siria no la tome, y pueda salir de la humillación pegando codazos, quitando a Bashar al Assad.

Y no quiero recordar más esta puta fecha. Que a ellos les duela me parece lógico, pero que tenga que recordar yo, una y otra vez, imágenes de lo sucedido me toca los cojones. Si no, haber que les parece si les pongo imágenes todos los putos días del año de todas y cada una de las atrocidades que causan en el mundo.

¡A TOMAR POR CULO LA GLOBALIZACIÓN!

domingo, 18 de septiembre de 2011

Síndromes de Estocolmo

Siempre he tenido el presentimiento
de que en estos países nórdicos
la proporción de depresiones y suicidas
es mayor que en ninguna otra parte,
aunque los escandinavos transmitan
esa suerte de paz etérea capaz
de reconciliar a cualquiera con el mundo...

Venía pensando en esas cosas
antes de regresar al hostal
el martes pasado por la noche,
a unas dos o tres paradas de metro
de la estación de Odenplan.

En eso y en el Dios vikingo que dispuso adrede
toda esta belleza de piernas kilométricas,
cabelleras doradas y caras angelicales
-de diminutas pero proporcionadas naricillas-
en el molde de arcilla de las mujeres suecas.

En cómo no dejaba de ser
una medida compensatoria por
las veintitantas horas de oscuridad
infinita y cabrona que trae consigo
el crudo invierno de Estocolmo.

En que hay algo de bizarro en
como todas esas suecas admirables,
ahora que el verano abre sus puertas
disfrutan llevándose a la boca
medias-albóndigas de alce
empapadas en salsa de frambuesa,
bajo un sol nocturno de bajo consumo.

Venia pensando en todo ello,
despreocupado y distraido,
ignorando el hilo de voz metálica
que anunciaba cada próxima parada,
como si la cosa no fuera conmigo
y llevara media vida recorriendo
esos trayectos desde casa a la oficina
y de la oficina de vuelta a casa.

Hasta que perdamos los reflejos

"…en realidad,
la verdadera revolución
empieza siempre el día después
de haber triunfado la revolución...
"


Discutimos sobre el Magreb.
Cigarro. Tragos. Cigarro.
La conversación se desvía
a los zares de Rusia -de los que
no tengo demasiada idea-,
de Daoiz y Velarde a
la primavera de Praga,
hasta 'Radio Venceremos' y
el FMLN a finales de los ochenta.


"...pues va la tía y me pide un cojín,
aclarándonos a los alli presentes
que es que a Alfredo le encanta el sexo anal...
"


Risas. Exageraciones. Cigarro.
Rebusco en el bolsillo alguna moneda
para la violinista de turno.
Álvaro se crece hablando de guiris.
¿Otra ronda? La duda ofende y
por lo visto me toca pedir a mi.


"...unos cabrones todos. Imputados en las listas,
eurodiputados en cargos directivos y ni siquiera
nos computan el voto en blanco...
"


Especulación urbanística, acuíferos al mejor postor,
la representatividad del pueblo. Bla, bla, bla.
Me estoy meando y me escabullo unos minutos.
Cigarro. Brindamos. Apuramos la cuarta copa.
La terraza entretanto se llena de niñatas escotadas.


"...aunque estéis de mierda hasta las rodillas
sacáis pecho y seguís cantando. Por eso el gallo
es el emblema de los gabachos...
"


Más risas, el Fransúa se lo toma a guasa.
Nos cuenta un chiste malo sobre Suiza y
su ministro de Marina, comparándolo con España
y el ministro de Trabajo. No sabe contar chistes.
El hielo cada vez dura menos. Última copa.


Otra última copa.
Y otras dos últimas más.


...


Y ahí seguimos
aquellas otras tres rondas,
riéndonos de nosotros mismos
y lanzándole dardos al mundo
entre gin-tonics de sobremesa,

dilapidando con vocación
una tarde de sábado
a las afueras de la gran ciudad.

Y así seguimos,

trazando distraidos
como las moscas en verano
absurdos garabatos
sobre el aire que nos cerca
mientras la muerte lenta y torda
trata inútilmente de atraparnos.

Hasta que nos toque pagar la cuenta.